miércoles 10 de diciembre de 2008

Del mal uso de las redes sociales

Hace unos días, publiqué un post hablando de las redes sociales y debía un par de ejemplos que ilustran que no siempre es bueno entrar en la era 2.0 como -parafraseando a un hotelero conocido- un elefante en una cacharrería. En el primer ejemplo voy a mencionar a LinkedIn, ya que es una de redes en las que soy más activo y que además la encuentro muy útil. Cuando la conocí, y me apunté, la encontré fascinante, y me lo sigue pareciendo. Y una de las cosas que hice al darme de alta fue leer bien las reglas de la red. La primera regla es, según recuerdo, estar seguro de “conocer” a las personas que sumamos a nuestra red de contactos, ya sean a las que invitamos nosotros como a las que nos invitan. El motivo es tan sencillo como tradicional, enlazarnos a gente de confianza que seamos capaz de recomendar y que tengamos la confianza en que nos recomienden (o que den una buena referencia nuestra). A la vez de “acercarnos” y acrecentar la mayor cantidad de contactos posibles.

(Este tipo de red está basada en la teoría/juego Six degrees of Kevin Bacon un fascinante juego creado cuando la Internet Movie Database era apenas una base de datos, y que probaba que, debido a la cantidad de películas y variedad de actores con los que había actuado, cualquier actor estaba a máximo seis clicks de Bacon. El resultado es fascinante, porque comparemos los actores del país y la época que se nos ocurra veremos que están a menos clicks de los que pensamos).

Pero volviendo al tema, más allá del objetivo de acrecentar la red de contactos para poder lograr la mayor cantidad de intermediarios hacia personas que nos interesa conocer (ya sea porque trabajan en una empresa en la que queremos tirar un CV, etc), un aspecto fundamental que debemos tener en cuenta al sumar una persona en este tipo de red es la confianza en la misma. Esa persona podrá ser interrogada acerca de nosotros por uno de sus contactos: ¿Conóces a Fulanito? ¿Es de confianza? ¿Sería bueno para este puesto de trabajo? Veo que has trabajado con él, ¿es buen compañero? Y para que alguien responda en forma positiva, o nosotros mismos demos referencias de terceros a segundos, no podemos sumar a cualquiera.
Hace mucho, en una galaxia muy lejana, un responsable de recursos humanos de una empresa en la que trabajé me envió una invitación a LinkedIn. Realmente, me quedé sorprendido, porque yo sabía que él le había hablado mal de mí a mi jefe. El trato con él siempre fue cordial, pero seguro que no es alguien de quien haría una buena recomendación, y seguro que el no la haría de mí. Aceptar su invitación hubiese sido no sólo “nocivo” para mi red de contactos, si no también para la suya. Entonces, por qué la hizo? Yo creo que en un desmedido afán por sumar cantidad de contactos a toda costa, sin gestionar la calidad humana de los mismos (no sé dónde habrá estudiado la carrera, la verdad, pero es una universidad muy mala o no asistió a todas las clases).
Otro aspecto fundamental de LinkedIn es la generosidad que debe haber en cuanto a compartir contactos, es decir yo te muestros los míos y tu los tuyos (esto desgraciadamente, es algo que pasa muy a menudo en el mundo de los blogs. El típico listillo que te dice “intercambiamos enlaces”, y en cuanto pasan unos días ya borró el tuyo). Anda por ahí suelto uno que va de gurú de la era 2.0 que tiene más de 500 contactos (desconfía de quien tiene tantos contactos porque realmente es imposible “conocer” y “recomendar” a más de 500 personas), pero que además no tiene habilitada la opción de compartir sus contactos. Es el típico “vampiro de las redes sociales”, es decir, te envía una invitación, te conectas, él te chupa tus contactos y tú no conoces ni uno solo de sus 500. No sirve para nada, borralo lo más rápido posible. Si todos sus contactos hicieran lo mismo, el gurú se quedaría en bragas, o aprendería el espíritu solidario en que se basa la red.
Y en el segundo y rápido último ejemplo (otra vez estoy trasnochando), Facebook. Hay gente que, trás una reunión de trabajo en la que la vez por primera vez, coge tu tarjeta y te invita a su red. Creo que sumarlo a Facebook es descabellado. Porque, realmente, a tí, que apenas te conozco, y con quien tendré que trabajar, no te quiero ver vestido de oso y borracho al borde del colapso en la cena familiar de Navidad. No es sano, para ninguno de los dos.

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con vos, nada más que acotar.

...

Ah sí, que recuerdo muy bien el 1º caso ;)

Saluditos con un pie en el verano!

Naty.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con vos, nada más que acotar.

...

Ah sí, que recuerdo muy bien el 1º caso ;)

Saluditos con un pie en el verano!

Naty.

Javier Rey dijo...

jaja, buena memoria! ;-) Un beso grande, Naty.

Anónimo dijo...

Excelente entrada y no hay mejor ejemplo como el "gurú" con más de 500 contactos..... Quizás otro perfil existente en Linkedin y que has descuidado es el que solicita recomendaciones sin ton ni son, sin devolver las respuestas.