martes 2 de febrero de 2010

De viajes, restaurantes y espectáculos

En los últimos años, casi se podría decir que durante la última década pasada, la gente adquirió el hábito de comprar sus viajes a través de Internet. Algo impensado a finales de los `90, no sólo porque la red de redes todavía era joven, si no más bien por la desconfianza que generaba el medio. Poner la tarjeta en una zona global, etérea y desconocida daba bastante miedo. Superada esta barrera con el correr del tiempo y el habituarse a la comodidad, y también al placer que deja pre-recorrer el posible destino de nuestros deseos, Internet se ha transformado para toda una generación en el medio ideal y preferido para reservar viajes.
Sin embargo, algún otro tipo de compra quedaba un poquito afuera, y más que por falta de propuestas, porque la gente tardó en asociar (igual que pasó al inicio con los viajes) ese “producto” con la compra online. Uno de esos segmentos fueron los espectáculos. Y otra vez la desconfianza: ¿Cómo sé que luego de poner mi tarjeta en el ordenador esa entrada “virtual” que me envían por email me servirá a llegar a la taquilla? ¿Cómo sé que no obtendré la peor ubicación y que no veré absolutamente nada detrás de alguna columna que me tape el escenario?
Lo mismo ocurría con la reserva de restaurantes. ¿No es raro que si este restaurante es tan bueno, se ofrezca por Internet y hasta con descuento? Esa barrera no sólo se ha roto, si no que además hoy se ha unido: Restaurantes con espectáculo