jueves 20 de noviembre de 2008

El acoso de las redes sociales

El otro día asistí a la segunda edición de Cava&Twitts, organizado por la gente de Twitter, y uno de los primeros comentarios que sentí al pasar de dos asistentes fue “me voy a dar de alta en Facebook, pero con un nick: no quiero que me contacte gente que no veo hace 20 años”. Sonreí, porque en los últimos meses he recibido siete invitaciones, de siete personas distintas, para darme de alta en Facebook. Todavía no lo hice y, sinceramente, no creo hacerlo. “Epa! Usted Sr. Rey? Sí, Señor Lector”. Las redes sociales -además de ser un negocio y una rentable base de datos que se puede vender al mejor postor- si se respetan y utilizan bien requieren tiempo, bastante tiempo. Hay muchas, tal vez demasiadas, y al menos que uno se dedique a la gestión del perfil online de una empresa, y pueda implementar (en las mismas horas laborales, claro) estas prácticas a nivel personal, hay que seleccionar.
En mi caso, la mayor parte de mi tiempo fuera del trabajo, en cuanto a gestión online, me lo toma el blog. Ya publicar lo poco que ven, me supone o robar tiempo al ocio, o a mi familia, o a tomar sol (ese extraño disco enemigo de los bloggers). La red social a la que le he dedicado más tiempo en los últimos meses es LinkedIn. Más allá de ser muy útil en la búsqueda laboral y en agrupar contactos profesionales (de hecho, mi trabajo actual lo conseguí a través de un contacto de esa red), es muy fácil de gestionar, y mejora día a día. Lo último, un sistema que con sólo añadir la url de tu blog muestra las últimas entradas a los visitantes de tu perfil. (Así y todo tardo mucho en responder algunos mensajes, lo sé).
Luego estoy apuntado a Turismo 2.0, en la que me gustaría participar más, o algo, pero que ya entra en la lista de aquellas comunidades para las que el tiempo no me da. Me hace sentir culpable, pero mi tiempo no da para más (ahora mismo escribo esta entrada a las once de la noche, lo que suma más de media jornada enchufado).
Las otras a las que estoy apuntado, no vale la pena ni mencionarlas (no por ellas, sino por mí). En cuanto a Facebook, todavía no estoy seguro de querer ser contactado por alguien “inesperado”. Más cuando la gente se vuelve loca, parece, por sumar contactos que muchas veces no aportan valor a esa red y, muchas veces, atentan contra el propio espíritu de la misma. Tengo dos ejemplos muy claros de esto, uno con LinkedIn y otro con Facebook. Y prometo dedicarles otra entrada, ya que ahora me voy a desenchufar. Antes, les dejo un vídeo buenísimo del acoso de las redes sociales, que descubrí gracias al blog de Jordi Roura.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me extrañaba, ¿ves?, alguien como tu que no estuviera en el feis. ¿demasiado poco anonimo?. Yo me apunté en cuanto lo descubrí por vivir fuera de mi entorno familiar y gustarme la idea de que al colgar las fotos de mi hijo mis hermanos lo podrian ver con facilidad, de moso ordenado, cuando quisieran (odio que se amontonen fotos en el email). De repente encontré a una persona que hacia 14 años buscaba y no habia podido encontrar por google y los buscadoers habituales, ¿por que? por que se habia cambiado el nombre (es de EEUU) y finalmente la localicé al poner el nombre del instituto. Me dió un vuelco al corazón cuando la ví (mismo nombre, distinto apellido, la cara de su madre), pude contactarla y ahora saber de sus hijos, su madre etc. Es de los contactos del feis que más contenta estoy de haber hecho. El likedin es claramente profesional y pocos contactos tengo coincidiendo en los dos. También tengo que decirte que me da mucho palo cierta gente que me pide "amigarse" por facebook, en fin, todo tiene su pro y su contra, como estar a las 11.00 de la noche quitandole horas al sueño ¿verdad? pero es estupendo tu blog, no desfallezcas :-) Ana