Llevo vividos en Barcelona unos 6 años en total. Es la ciudad que elegí cuando tuve que emigrar, y en la que con el tiempo he decidido formar una familia. Es una de las ciudades más privilegiadas del mundo. Y no sólo lo digo yo, si no el exagerado número de turístas que la visitan cada año (es el principal destino español y uno de los Top Ten en las Web de viajes a nivel mundial). No diré que aborrezco a los turistas, no es así, más cuando la primera vez que vine a Barcelona lo hice como tal (y sobre todo cuando trabajo en el mundo del turismo). Aunque es verdad que cuando se pasa de visitar una ciudad a vivir en ella el punto de vista cambia bastante. Algo parecido me pasó cuando estudiaba en Roma. La primera semana no entendía la actitud un poco “impaciente” de los romanos con los turístas (mi arrogante posición de turista me hacía pensar que sin “nuestra” visita la economía de la ciudad no sería lo que era y que deberían besarnos los pies), pero con el correr de las semanas y el tener que desarrollar mi vida diaria en la ciudad fui cambiando de bando: no poder subirme a la anticuada Metropolitana los miércoles para llegar a tiempo a clase porque a las hordas de turistas se les ocurría ir a ver al Papa salir al balcón era detestable. El turista piensa que no molesta porque está de paso, porque “sólo lo hará una vez en su vida”. Pero el ciudadano del lugar debe soportar todas las eternas “primeras veces” de los clonados visitantes que repiten una y otra vez la borgiana historia circular.
Cerca de la Sagrada Familia (ya que vivo por el barrio) he vivido algunas historias lamentables. Desde un turista alemán que me detuvo, y lo hice porque pensé que me quería preguntar algo, hasta que descubrí que me estaba intentando pedir cuentas ya que se penso que le había querido robar la cartera al bajar del metro (y eso que ese día me había duchado ;-)); hasta otra chica que me sacó una foto con flash en plena cara como diversión, tal vez por el mero hecho de considerarme parte del paisaje urbano. Y debo decir que he tenido suerte, al menos no he sido vomitado por ningún hincha del Celtic de Glasgow pensando que era un árbol. Lamentablemente, esto no ocurre “por casualidad”, o porque los turistas son así. Esto ocurre porque la imágen que se vende de Barcelona y de España en general es esa. Por algo la única palabra que aprenden los güiris al llegar es “fiesta”. Hace unos días, volando por Vueling, me encontré con la desagradable sorpresa de que la revista de a bordo de la compañía, Ling, promociona varios destinos, entre ellos, Barcelona. El colega que escribió el artículo desgraciadamente no lo firmó, pero los consejos para “Una noche diferente en Barcelona” rozan la delincuencia: saltar la valla de la piscina olímpica y darte un chapuzón antes de que venga el guardia; llegó la hora de desnudarte en los Jardines Joan Brossa “coger una hoja enorme para taparse (o no)” (SIC) y jugar a Tarzán; o bajar a toda velocidad en bicicleta el amplio Passeig de Gracia (deja a la voluntad del lector respetar o no los semáforos).
(Debo decir que la buena Roma tampoco se salva: la revista de Vueling recomienda llevarse un patito de goma y lavarse en la Fontana del Mascherone (ya que tiene forma de bañera) “al amanecer para aumentar el factor regenerador... a la vez que se reducen las posibilidades de ser pillado. En caso de que la cosa se tuerza, la multa es de 170 euros”. )
Gordito alemán atorado en la Naveta des Tudons (Menorca) después de que la guía le dijera en tres idiomas que no se podía acceder al monumento por peligro de derrumbe.
Me parece bien que, como dice el mito, España “viva del turismo”. Pero, ¿a qué precio?
Hace unos días se estrenó la insustacial y aburrida última película de Woody Allen, “Vicky Cristina Barcelona”. No sé si el gobierno puso pasta para financiarla, pero sí escuche que el bueno de Woody llenó sus bolsillos por incluir en el título el nombre de la ciudad. Es un medio fantástico de publicidad y seguro que las visitas a Barcelona seguirán subiendo a través de, como tituló El País, “la postal más cara de Barcelona”. Y si bien el tipo de turismo que propone está lejos afortunadamente de mostrar a un turista meando en la calle, el mensaje genérico es que si vienes a Barcelona al menos un macho iberico como Bardem te abordará directamente proponiendote un trío. Y si bien debo advertir a las turistas que no todos los catalanes son como Bardem, mucho menos las turistas güiris suelen ser como la Johanson (al menos la suelen superar por varios kilos).
Si uno tira en YouTube la búsqueda “Drunk in Barcelona”, salen unos 385 videos. Entre ellos se pueden ver a unos turistas haciendole un “loco” a un indigente en Plaza Real. A lo mejor es que no sé buscar en Internet, pero no pude encontrar una réplica de una escena parecida en Picadilly Circus...
La debacle inmobiliaria y la ambición de no perder ingresos ha llevado a muchos propietarios a alquiler sus pisos a turistas. Claro, en vez de los ya de por sí altísimos mil euros mensuales que le pueden sacar a un ciudadano que vive y trabaja aquí (y que a menudo se ve obligado a subalquilar habitaciones para poder pagar el techo), se puede llegar a sacar hasta unos 850 por semana. Y los 6 o 7 estudiantes de Riga o Copenhage después de pagar ese pastón se creen con derecho a entonar “O sole mio” -es lo que tiene la globalización- a las 4 de la mañana no ya en un hotel, si no en un piso de familias de Sants que dentro de 3 horas deberán levantarse a trabajar. Llegados a este punto, creo que el Ajuntament -como me ha comentado más de un habitante de toda la vida de Barcelona- debería promocionar, lejos de correr, a los trileros y cebolletas de Las Ramblas (personajes que curiosamente no aparecen en la pulcra Barcelona de Allen a meterle mano a la Johansson mientras saca fotos) para limpiar un poco la ciudad. Porque creo que es tarea de todos, como ha dicho el artista catalán Jaume Sisa, tener "menys turistes pixaners i més viatgers il·lustrats".
Noticias relacionadas:
Cuidado con el abuelo
lunes 6 de octubre de 2008
¿Qué clase de turismo queremos?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





5 comentarios:
que hace ese tipo metíendose de cabeza en uno de los monumentos megaliticos por excelencia en Menorca???. No se de donde has sacado la foto pero demuestra como dices en el post que no todo el mundo entiende de la misma forma el turismo cultural.
Espero te vaya todo muy bien en Orbitz!!!!!!
Un abrazo compañero.
Gracias Victor! Pues la foto la saque yo mismo en septiembre del año pasado cuando estuve de vacaciones ahi. Y justamente la saque porque me parecio grotesca la escena, digna de Homer Simpson. Estuvimos luego comentando la jugada con la guia (que ya le habia advertido que no se podia entrar), que hasta lo tuvo q ayudar a salir al tio este q se quedo atorado: lamentable! La resignada guia nos explicaba q pasa todo el tiempo y que hasta muchos guias ya habian pedido q cercaran el perimetro para evitar a esta peligrosa fauna turistica.
He tenido la suerte de haber podido viajar por varios continentes y conocer distintas culturas. Y aunque nunca he dejado de ser turista siempre he intentado, como mínimo observar y intentar ser respetuosa con el país que visitaba.
A veces es complicado no meter la pata en según que sitios, pero si somos un poco curiosos y seguimos aquellas dos máximas de "al lugar donde fueras haz lo que vieras" y "no hagas nada que no te gustaría que te hicieran a tí" tu estancia en cualquier país puede ser maravillosa y la imagen que dejas en él será positiva.
En España nos gusta la juerga, la buena vida, en resumen la fiesta, pero eso no quiere decir no dejar dormir a los vecinos, convertir la calle en meaderos públicos, etc.
Si los guiris alemanes, ingleses o noruegos quieren marcha la tendrán pero no hace falta que sea a costa de "joder" al nativo.
Ha dado usted en el clavo.
Grandioso post, sí señor.
Sólo comentarte que los residentes en lugares turísticos solemos enfrentarnos con ventaja a otros entornos similares al nuestro, ya que conocemos las conductas de los viajeros y evitamos las que puedan molestar a los locales.
Una de las conductas que más me molestan es la que se ve en grupos de viajeros que cortan literalmente el paso por una acera en cuanto el primero de ellos se detiene. Tengo que sufrir eso varias veces al día y da igual lo que hagas o digas porque el comportamiento del grupo es gregario y no se dan cuenta de lo que están molestando.
Hay que acostumbrarse a esas cosas porque el mundo no es un lugar perfecto.
La replica de Vicki, Cristina, Barcelona la a protagonizado tb Barden en la película Biutiful.
Publicar un comentario en la entrada