Desde que me siento cerca de las chicas que atienden los llamados de los clientes y las reclamaciones de hoteles, obtengo cada día una fuente inagotable de anécdotas de la primera línea de fuego.
Hace un par de semanas ocurrió un hecho, además de trágico, bastante inusual. Mientras una pareja estaba alojada en el hotel, murió uno de sus integrantes. Lo curioso es la forma en la que nos enteramos. El hotel llamó para avisar que los clientes se habían ido dos días antes y que de la reserva original de 7 noches a 164€, sólo cobrarían 5 noches. Hasta ahí, lo de siempre. Pero luego llamaron de la central de reserva que nos provee el hotel avisando el motivo por el cuál los clientes “no se habían quedado” la totalidad de la estadía. Lo más increíble aún es que la quinta noche que cobra el hotel es en la cual murió la mujer (que, por cierto, falleció en el hotel).
En una decisión de carácter ético, la agencia en la que trabajo le ha devuelto el importe al cliente y asumió los gastos netos de la cancelación (además de enviar un e-mail de pésame).
Ahora bien, más allá del derecho al hotel a cobrar la noche de permanencia de los clientes, aquí hay una cuestión de tacto ¿No hubiese sido una política, no sólo más humana, si no hasta más inteligente comercialmente, no cobrarle al cliente “sobreviviente” a su salida del hotel?
martes 20 de noviembre de 2007
Si te mueres, págale al hotel
Etiquetas: anécdotas
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